Treinta y dos escalones
Tiempo de lectura: 15 minutosFinales de los setenta. Su marido trabajaba de sereno y pasaba las noches fuera. Ella se quedaba con los niños, una llave colgada de un clavo y unos ruidos en el rellano que se callaban cada vez que se asomaba a la mirilla. Hasta la noche en que alguien metió una llave en su cerradura.








